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El pasado

Un perfume que es mezcla de cremas y una caricia en el pelo que no existen, remueven aquel día que no quiero recordar. 

 

Si cierro los ojos, la imagen es tan clara, tan real: 

 

Estoy acostada en un cuarto con paredes color verde agua. Por la puerta que está de frente a mi entra luz de la ventana

que corresponde a otra habitación, tu habitación. Nos divide un pasillo que mide no más de dos metros.

 

La luz me molesta. Intento ver -haciéndome la dormida- que pasa del otro lado del pasillo porque sé que algo no está bien.

Mamá agarra cosas, no veo donde las guarda. No puedo distinguir lo que están diciendo y cierro fuerte los ojos, como si eso me ayudara a escuchar mejor.

 

Minutos más tarde, a contraluz, aparece tu figura, aferrada al brazo de mamá. Caminas lento y te vas para no volver.

 

Una palabra que no quise decir reemplazó a ese saludo que no fue. Y te juro que no la quise decir, ni siquiera lo pensaba y

mucho menos lo sentía. Te pido perdón por esa pablabra. La luz hacía que no pueda verte la cara, eras una sombra.

 

Era chica para crecer, pero no tonta para entender que en cuanto te perdiera de vista no iba a verte nunca más. Quizás por eso no me levanté de la cama, para no despedirme. Porque no quería despedirme. No era justo, no estaba lista. Once años es poco para entender porque, pero suficiente como para sentir dolor. 

 

Dicen que pasaron unos días desde que dejaste la casa hasta que te fuiste. Sin embargo, esos segundos fueron los últimos para mi y no los aproveché, no los quise aprovechar.

 

Posiblemente esa haya mi defensa, mi manera de negar la realidad. Convencerme que de no saludarte ibas a verte obligada a volver. Que desgraciada es la memoria, mi memoria, que retiene los peores momentos que vivimos y me dejó olvidar tu voz. No se explica con palabras lo doloroso que es olvidar una voz. Porque sé que es el principio de lo peor, se que después viene la imagen de tu cara, tu perfume y después ese último día. 

 

¿Cómo hago para ganarle al tiempo y no dejar que pase?

¿Cómo hago para cambiar el recuerdo de ese día por el de tu voz?

¿Cómo hago para que los nuevos recuerdos no destierren a los anteriores?

¿Cómo hago para cerrar los ojos y volver a verte?

¿Cómo guardo tu perfume para evitar que desaparezca?

¿Cómo hago para entender que ya pasé la mitad de mi vida sin vos y sin embargo sigue doliendo como esa noche?

¿Cómo hago, abuela, para que el resto de los días no me siga lastimando tu ausencia?

 

 

 

 

Jennifer Melisa Tomé-

19 de noviembre de 2012

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