


"No me da igual que te sea indiferente"
Jennifer Melisa Tomé

La conocí
Nunca quise conocerla, la odié siempre.
Cada vez que escuchaba su nombre sentía desprecio.
Si hay algo que realmente no tiene razón de ser, es ella.
¿Para qué sirve? ¿Cuál es su función?
Convierte en un lugar inmundo cualquier paisaje en el que esté.
Es peor que el olvido, peor que todo.
Ella es injustificable y la conocí.
Juro, hice lo que pude para evitarla.
Apareció de golpe, no lo esperaba.
Abrió la puerta, se sentó en la mesa y me miró.
Corrí a mi cuarto, me acosté,
me tapé completa esperando que se vaya.
Pero no, estaba ahí, al lado mio.
Invadió la casa y mi vida.
Asquerosa, absorbe todo lo que la rodea.
Si pudiera ponerle un color, le daría el gris.
Una palabra, nada.
Un lugar, el mismísimo vacío.
Si pudiera llamarla de alguna manera,
le diría "conchuda",
porque no merece ni ser llamada por su nombre.
Te anestesia, te consume.
Se hace piel y sangre.
No tiene horarios, si llega es para siempre.
No conoce una salida, se instala.
La conocí, me miró.
Ahora sé que está acá,
al lado mio o adentro.
Me envuelve en lo suyo,
me convence.
Por momentos es hermosa, tienta.
No quería besarla, pero lo hice.
Ya somos una, es vicio.
Repugnante.
Nadie la ve pero todos la sienten.
Llegó ese día y me abrazó.
La conchuda me abrazó
y yo me rendí ante ella.
Es así, cuando llega no se evita.
Se hace eco en los ojos de quien la conoce.
Grita, destruye, molesta, pincha, duele,
acaricia, besa, sana y calma.
No la quería conocer, pero la conocí.
Juro, hice lo que pude para evitarla,
pero la conocí, está acá.
Al lado mio o adentro.
¿Se le da la bienvenida a la resignación?
Jennifer Melisa Tomé -
1 de julio de 2013